​El paso del tiempo.

Ocurre que, una vez usado el vestido, podemos guardarlo con cariño y con ganas de darle, al menos, un segundo uso, pero que una vez usado, preferiríamos llevar otro. Yo propongo una reflexión, ¿sería más ético el apego a las cosas de calidad y el cariño a una prenda con significado o el desapego a lo material?

Si bien es verdad que en esta época, el mercado nos ha ido inculcando la necesidad de cambio y la cultura de la efimeridad más absoluta, sería bonito, volver de alguna forma a retomar costumbres antiguas como eran las del apego al material, siendo necesario, por supuesto, que ese material (el vestido en este caso) haya sido provisto de alma. Eso es lo que pretendo conseguir con este tipo de trabajo.

Tengo entre mis manos un vestido exquisito. No sé su procedencia exacta; lo hizo una modista, con buen dominio del patrón, totalmente a mano. Tiene hilos saltados, el dobladillo descosido y no lleva forro, es terciopelo negro de seda, de una calidad y elegancia que no estamos acostumbrados a ver todos los días. Hace años que creía que el vestido era negro porque su padre estaba muy enfermo y ella se lo pondría antes de él morir, pero una vez que me lo coloqué, mi madre me dijo “-¿cómo es posible que te quede bien? ¡Si ella estaba gordísima!”, y me contó entonces que la modista la convenció para ir de negro por eso, porque mi abuela estaba muy gorda. Es el vestido de novia de mi abuela.

Os cuento esta historia porque lo más bonito de la moda ocurre quizá con el paso de los años; cuando trasciende. Ocurre con algún vestido de los que he hecho que pasan años y siguen gustando y resultando actuales, y es en esos casos cuando comprendo con satisfacción que si un diseño es capaz de perdurar, es que lo habré hecho bien.  La mayor satisfacción sería que un día vuestras nietas deseen recuperar y ponerse un López de Haro de hace cincuenta años. ¡Quién sabe…!

37 Felipe Trigo

Para inaugurar este espacio os quiero hacer partícipes de mi experiencia en la Treintaisiete Edición de los Premios Literarios Felipe Trigo; Los Premios Felipe Trigo, acontecimiento anual que tras años de buen mantenimiento ha alcanzado un prestigio a nivel nacional, se entregan en una noche en la que Villanueva de la Serena se viste de gala para compartir cultura.

Nunca había asistido a este evento tan significativo en nuestra ciudad, y fue justo un año antes cuando fui consciente de que este había alcanzado, además de un gran nivel y prestigio cultural, cierta trascendencia a nivel organizativo y estético que me trasmitió mucha curiosidad. No solamente me planteé que me apetecía asistir a la gala en una siguiente edición, además me haría especial ilusión que alguna mujer asistiera a dicho evento vistiendo un López de Haro.

Fue así como surgió que Elisa, gran amiga a la que admiro, se ilusionara, al igual que yo, por llevar puesto un vestido hecho a su medida.

Al ponerme a trabajar en su diseño digamos que conseguía ver a Elisa con un vestido puesto, y a pesar de un par de propuestas alternativas, ese fue también su favorito. En cada prueba nos ilusionábamos, y cada cita de prueba, era la excusa perfecta para ir después a celebrar con vino; el color del vestido y el color de una noche de gala.

La noche fue genial. Elisa iba radiante, las dos íbamos muy contentas con su vestido y con la idea de que lo pasaríamos genial juntas. Al bajar por la rampa que llegaba hasta el vestíbulo del Palacio de Congresos, volví a los quince años, a aquella sensación de ser la extraña y jovecilla que asiste por primera vez a un acto “de mayores”. Angelines nos recibía en la puerta, ella también se puso su López de Haro en esta ocasión, un elegante dos piezas en verde jade.

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Tras los saludos en el vestíbulo del Palacio de Congresos, recientemente inaugurado, pasamos al auditorio, donde daría lugar una gala muy entretenida y amenizada con la soltura del presentador y espectáculo musical, y por último, un cóctel donde reencontrarse y charlar entre vinos.

 

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Salimos de allí entre risas, y con la idea y auto convencimiento, de que poco a poco, galas así se llenarán de más diseño y talento extremeño, y con las ganas, por supuesto, de ver a más mujeres luciendo vestidos López de Haro.